


















...pero aún quedan dos días...
Después, fuimos a dar un paseo por el río. Los jefes aprovecharon para hacer alguna foto. En verano está muy lleno de domingueros y dicen que pierde su encanto.
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Cuando empezó a refrescar nos volvimos a casa a descargar las maletas y luego los jefes se fueron a dar una vuelta y a comprar al pueblo.
A la mañana siguiente me dieron un bañito con la manguera, luego me secaron con una toalla y nos fuimos a dar un paseo al solecito. Hizo un día muy bueno. Por la tarde, nada mas comer, tuvimos que irnos al club de agility a entrenar un poco y luego el jefe ayudo en la pista, ya que hicieron una prueba de acceso para las competiciones de Federación. Cuando acabó la prueba nos volvimos a Montanejos.
El domingo amaneció nublado. Los jefes tenían una comida en el club y nada más levantarnos cogimos el coche, pero antes pasamos por el pantano. Es algo que siempre hacemos antes de irnos de Montanejos.
Cuando llegamos al club estaban casi todos los amigos de los jefes, mas tarde llegaron el resto. A mi me dejaron estar con ellos y con mi padre K, para que no estuviese en el coche. Nos fuimos tarde del club, se ve que se lo estaban pasando muy bien, porque no paraban de reir.
Cuando llegué a casa estaba muy cansada. Y me fui pronto a dormir a mi rincón. El jefe se fue a ensayar lo del teatro y yo me quedé con la jefa en casita, soñando con el fin de semana.
Ya tengo ganas de volver otra vez...
Un lametazo!
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Supongo que a ellos no les gusta volar bajo la lluvia como a mí....jpg)
Una de las pistas era una mezcla de agility con flyball. Los jefes no apostaban mucho a que me acordase de cómo funcionaba el cacharro del flyball, pero lo hice bien. La caja del flyball tiene un mecanismo que dándole con las patas en una base que tiene, te lanza una pelota. Fue muy divertido.
Respecto a las fiestas pasadas, todo muy bien. La última noche del año la disfruté muchísimo. Me han dejado entrar más en casa, como ya no había tanto niño pequeño, yo ya no molestaba a sus padres, y podía estar mas con los jefes y sus amigos que me dieron muchas caricias. Como en los dos años anteriores, la Nochevieja la pasamos en el chalet. Allí estaba a mis anchas. A los días, volvieron a venir, un año más, los Reyes Magos (una vez más no les oí entrar…) y me trajeron una camita, un hueso enorme y una correa.